Generar contenido con inteligencia artificial es fácil. Que ese contenido suene bien, refleje tu marca y conecte con tus clientes potenciales es otra historia.
Quien ha probado a usar ChatGPT u otra herramienta de IA para escribir textos de web o artículos de blog sabe a qué nos referimos: el resultado es correcto, a veces incluso impresionante en la primera lectura, pero hay algo que no cuadra. Suena genérico. Podría ser de cualquier empresa. No tiene personalidad.
El problema no es la IA. El problema es cómo se usa. Aquí te explicamos el proceso que realmente funciona.
El error más común: pedir y publicar
La mayoría de la gente que usa IA para crear contenido sigue este proceso: escribe una instrucción genérica, copia lo que sale y lo publica con pequeños retoques. El resultado es ese contenido plano, sin ángulo, que no se diferencia de nada.
La IA no sabe quién eres, a quién te diriges, qué te hace diferente ni qué tono usa tu marca. Si no se lo dices, inventa. Y lo que inventa es el promedio de todo lo que ha leído, que es exactamente lo más genérico posible.
El proceso que sí funciona
Paso 1: Dale contexto antes de pedir nada
Antes de pedir que escriba algo, explícale a la IA quién eres, a quién te diriges y cuál es tu tono. Por ejemplo:
«Eres el redactor de contenidos de [nombre de tu negocio], una empresa de [sector] en [ciudad] que trabaja con [tipo de cliente]. Nuestro tono es cercano y directo, sin tecnicismos. Nuestro cliente típico es [descripción].»
Ese contexto cambia radicalmente el resultado. La IA tiene una referencia real desde la que trabajar.
Paso 2: Sé específico en lo que pides
En lugar de «escribe un texto para la página de inicio de mi web», prueba con algo como: «Escribe el texto de la sección de presentación de la página de inicio. Debe responder a estas tres preguntas en menos de 100 palabras: qué hacemos, para quién y por qué somos distintos. No uses frases como ‘soluciones innovadoras’ ni lenguaje corporativo.»
Cuanto más específico es el encargo, menos tiene que inventar la IA y más útil es el resultado.
Paso 3: Usa el resultado como borrador, no como texto final
Lo que genera la IA es un punto de partida. Léelo, identifica qué está bien y qué no, y reescribe con tu propia voz lo que necesite ajuste. Normalmente eso supone cambiar algunos giros, añadir un ejemplo real o eliminar frases que suenan a plantilla.
El tiempo que ahorras no es escribir desde cero, sino superar el bloqueo inicial y tener una estructura sobre la que trabajar.
Paso 4: Añade lo que la IA no puede saber
Casos reales de clientes, anécdotas del negocio, datos propios, opiniones concretas sobre el sector… Eso es lo que diferencia tu contenido del de cualquier otro. La IA no lo tiene. Tú sí. Añádelo.
¿Y para el blog funciona igual?
Para artículos de blog el proceso es el mismo, con un paso adicional: antes de generar el texto, define el ángulo del artículo. No «un artículo sobre SEO local» sino «un artículo que explique por qué muchas pymes no aparecen en Google Maps aunque tengan web, dirigido a propietarios de negocios locales que no saben nada de SEO».
Con ese nivel de concreción, la IA genera algo que tiene un punto de vista real. Luego tú lo afinas con tu conocimiento del sector y tus ejemplos propios.
Lo que la IA no puede reemplazar
La estrategia de contenidos —saber qué temas trabajar, para qué palabras clave, con qué frecuencia y con qué objetivo— sigue siendo trabajo humano. La IA ejecuta bien, pero no decide qué ejecutar.
Si quieres que tu contenido posicione en Google y convierta visitantes en clientes, necesitas esa capa estratégica. Y ahí es donde podemos ayudarte en Creaktiva: desde la estrategia hasta la ejecución, usando las herramientas que tienen sentido para tu negocio.
